Era el verano más intenso de los últimos años. Mamá salió muy temprano como todos los días. Cada mañana al cerrarse la cochera, mi cuerpo empezaba a temblar.El nuevamente entraría a mi habitación. Habían pasado ya, dos años desde que hacía lo mismo, yo simplemente no ponía resistencia, sobre las sábanas blancas y con la mirada clavada al techo, Solo esperaba su último gesto de placer, mi cuerpo y alma se habían acostumbrado y mi inocencia había ido desapareciendo con el paso de los días.